lunes 23 de noviembre de 2009

VIVA VOZ DE VIDA

VIVA VOZ DE VIDA. MARINA TSVIETAIEVA

Autora: Marina Tsvietáieva
Traducción de Selma Ancira
Con vuelta de hoja, 5
ISBN: 978-84-95587-45-9
Primera edición: 2008
Páginas: 131
Precio: 14 €



Con la publicación de esta obra, la Editorial Minúscula, reivindica, por segunda vez, a una de las escritoras más rotundas de finales del S.XIX y principios del XX, Marina Tsvietáieva.
En Viva voz de vida, Tsvietáieva cuenta de una forma muy personal, como lo fue toda su obra, al poeta y pintor ruso Maximiliam Voloshin. El recorrido que nos hace por su relación es serio, preciso como lo es la literatura rusa. Pero con la sensibilidad que imprime la Tsevietáieva a sus textos.
Voloshin, con su presencia de personaje literario, con su voz de creador infinito, atrae, de manera evidente, a la jovencísima Tsvietáieva quien, además, no tiene ningún pudor en mostrar esa atracción.
El libro se construye con un transfondo de realidad subjetiva, marcando un camino seguro por entre las vivencias y anécdotas que compartieron los dos escritores rusos.
El texto se mueve entre varios géneros sin adentrarse en ninguno, pero esgrmiéndolos todos de una forma soberbia.
La traducción, obra de Selma Ancira (ganadora del Premio Ángel Crespo por este trabajo), no le resta ni un ápice de preciosismo al texto de la autora rusa.
A la calidad literaria de la obra, hay que añadir el formato que la editorial da al libro: ejemplares fáciles de llevar, pero sin descuidar la claridad del texto.
Es decir, un libro muy recomendable para los amantes de la Tsvietáieva, la literatura rusa, o la buena literatura en general.

jueves 19 de noviembre de 2009

LA MÁQUINA DE LANGUIDECER. ÁNGEL OLGOSO






LA MÁQUINA DE LANGUIDECER. ÁNGEL OLGOSO


En estos días el sello editorial que apuesta de una manera más firme por el cuento, Páginas de Espuma, saca a la luz un libro de microrelatos (o relatos breves, como le gusta llamarlos a su autor, Ángel Olgoso).
La máquina de languidecer es un libro preciosista, escrito por un autor que, por encima de todo ama su lengua, el español. Nada en estos relatos es casual, cada coma es el sumun de la exigencia de un escritor de los que dejan el regusto y la seguridad de que será alguien de quien se hablará para siempre.
Quedamos en la oficina de la editorial que tan magistralmente dirige Juan Casamayor para hablar con el autor de este delicioso libro. Al llegar allí, la boca se me secó, debo confesar que estaba algo nerviosa por conversar con autor como Ángel, pero una vez que te sientas con él y le miras a los ojos y ves en ellos la humildad de los grandes, la timidez del escritor de raza, todo fue fácil y, sobre todo, inolvidable.

1.- ¿Por qué la “Máquina de Languidecer”?
Hay unas palabras que están en la base del libro y son las Ikkyu Sojun, un monje japonés del siglo XV: “Bajo la carne por la que ahora os preocupáis y de la que gozáis hay un esqueleto que se mueve”. A mí siempre me ha causado una sensación de extrañeza el cuerpo humano: el hecho de tener dos brazos, de que los dedos de los pies estén casi a dos metros del centro de nuestra percepción, de que seamos dos mitades pegadas, cosas así… Y suscribo totalmente la idea de José María Merino de que la literatura debe hacer la crónica de la extrañeza, porque en nuestra vida nada hay que no sea raro.
2.- Cuando lo leí, me dio la impresión de que más que “de languidecer” era la máquina de matar, de odiar…
No, no, esta referencia metafórica y casi melancólica del título es un poco engañosa porque el libro tiene un tono más bien lúdico, casi frívolo en algunos relatos. Aunque no puedo negar que la crueldad propia del ser humano, sus oscuros pensamientos, se ha colado en muchos. Es la primera vez que intento hacer un libro con unos mimbres comunes, porque normalmente trabajo relato a relato, puliéndolos a conciencia, y quise, casi como un reto o como un juego, que en este libro todos los relatos tuvieran un cierto aire de familia. Pero creo que el resultado final es el de un puzzle narrativo, muy variado, que puede o no conformar la imagen del cuerpo humano, un mosaico agridulce e inquietante.
3.- Hay dos cuentos, que a mí me han gustado muchísimo y están muy conectados “La larga digestión del dragón de Komodo” y “Subir abajo” porque hay una especie de inversión, ¿no? En el primero es un adulto el que sube unas escaleras para encontrarse con el niño que fue; en el segundo es un niño el que sube esas escaleras para, más tarde, bajarlas como un anciano.
Nadie me lo había dicho antes, pero tienes razón, es posible leerlos como reflejos invertidos. En el primero es un adulto el que regresa a la casa de su infancia convertido, misteriosamente, en niño y vuelve a sentir el cinturón de su padre. Y en el segundo es un niño el que sube unas escaleras para bajar, justo a continuación, como un viejo. No puedo evitarlo, me gusta el vértigo de resumir la vida en una frase, en una línea.
4.- El que resume una vida entera de una forma sobrecogedora es “Conjugación”

(“Yo grité. Tú torturabas. Él reía. Nosotros moriremos. Vosotros envejeceréis. Ellos olvidarán”)

Cuando lo escribí tenía en mente a las dictaduras hispanoamericanas, que por desgracia puede aplicarse a cualquier época o lugar.
5.- ¿Crees que estamos condenados a repetir nuestra historia?
Claro, sobre todo si la olvidamos. Precisamente las nuevas leyes educativas parece que están rubricando una y otra vez ese olvido al dejar de lado a las humanidades de manera tan sangrante. Estoy seguro que muchos jóvenes creerán, por ejemplo, que Grecia “es” la película “300” y que la Segunda Guerra Mundial “es” la última de Tarantino o los escenarios y la dinámica de un videojuego...
6.- También hay muchísima ironía. El libro tiene un cuento “El lobo viejo de las desgracias” que debo confesar que me arrancó algo más que una sonrisa.
Es una pequeña venganza personal contra el constructor que nos vendió la casa y contra todos aquellos especuladores, ya sean empresarios o políticos, que han enladrillado el país y endeudado de forma atroz a la gente. Para qué te voy a contar penas, ¿no? (ríe) Cuando comencé a escribir relatos, la ironía y el humor negro eran los elementos más habituales de mis textos junto con lo fantástico. Luego, conforme uno va creciendo y madurando, la visión de la vida se agria un poco, se va entenebreciendo inevitablemente, y es lógico que quede un poso de amargura en muchos de ellos. De todas formas, como bien señalas, en “La máquina de languidecer” hay aún unas cuantas muestras de ese humor y de esa ironía.
7.- ¿Y mucho Borges, aparte de la alusión directa en su cuento “El otro Borges”?
No, no demasiado, más allá del gusto por lo breve, lo fantástico y la precisión del lenguaje. Los de Borges son relatos más matemáticos, más filosóficos, más metaliterarios, mucho más complejos. Quizá en algunos relatos míos de otros libros sí haya una influencia más palpable, deudora lógica de la entusiasmada lectura que uno hizo en su momento.
8.- Lo decía porque el humor negro es muy inglés, ¿no?
Ah, sí, pero para mí su mejor representante es H. H. Munro (Saki), que me gusta a rabiar. De hecho, el relato más largo que he escrito en mi vida, una parodia de las aventuras de Sherlock Holmes, es de un humor totalmente británico. Se titula “El Lecho Celeste del doctor Graham” y tiene 25 páginas. Seguramente está mal que lo diga, pero es el único relato mío que releo de vez en cuando y me divierto con él cada vez que lo hago. Aunque me costó tres meses de búsqueda de documentación sobre el Londres victoriano, me atrevo a afirmar que la voz cachazuda y al mismo tiempo surrealista de Watson, las peripecias disparatadas y las expresiones desvergonzadamente británicas soportan muy dignamente el paso del tiempo.
9.- ¿Tú perteneces al centro de estudios…?
A la Amateur Mendicant Society de estudios holmesianos de Madrid, a algunos de cuyos miembros, por cierto, espero conocer en persona esta noche en la presentación de Madrid, tras más de diez años carteándonos (yo vivo en un pueblecito de Granada). Ellos son unos verdaderos eruditos, encantadores e ingeniosos, del mundo victoriano y de la obra holmesiana de Conan Doyle. Todos tenemos un nombre canónico tomado de alguno de los personajes que aparecen en las novelas y relatos de Sherlock Holmes. El mío es John Hector MacFarlane, extraído de “El constructor de Norwood”. Sí, ciertamente me encanta el humor británico, su refinamiento y su excentricidad son una delicia.
10.- ¿Y el escepticismo británico también?
También. Y la flema británica. Y es que yo me siento norteño, más celta que nazarí. De hecho, mis ancestros son gallegos, y Olgoso un apellido que procede de la gente que repobló las Alpujarras cuando expulsaron a los moriscos. Así que, aparte del físico (pelo y barba rubios, ojos azules), podría decir que me apasiona de una manera genética lo fantástico, lo neblinoso, lo misterioso, todo lo que pertenece a la fabulación o al ensueño.
11.- Hay otro cuento… Bueno, algo que hay que aclarar, es que a ti no te gusta hablar de microcuentos, ¿no?
No especialmente, sólo soy escritor de relatos, unas veces acaban teniendo una línea y otras veces treinta páginas. Aunque la extensión no es tan relevante como pudiera parecer, reconozco que el relato brevísimo es el néctar de la narrativa, un pequeño lingote de oro de copela, el más puro según los alquimistas. A mí me fascina todo lo breve, por carácter personal (no soy muy dicharachero), por afición, por convicción y también por respeto al lector. Voy creando palabra a palabra como en el trabajo artesanal granadino de la taracea, trabajando cada pieza una a una, tesela a tesela, para que no sobre ni falte ninguna y todo encaje a la perfección. Y ahí estoy, 31 años ya intentando crear un relato que se acerque lo más posible a esa perfección.
12.- Aún no la encontrado, deduzco.
No, no (vuelve a sonreír). Y mejor que no llegue porque entonces quizá estaría acabado… Lo intento una y otra vez, sin descanso, pero me conformo con que el lector lea y conozca esos intentos y decida sobre si se encuentran más o menos lejos del objetivo.
13.- ¿Pero, no crees que el microrrelato funciona diferente al relato, que este está más cerca de la poesía que de la narrativa, en cuanto a que requiere un mayor esfuerzo por parte del lector?
Si no más cerca, sí a medio camino. Quiñones tiene un símil muy sencillo y claro sobre la intensidad de los géneros: la poesía vendría a ser como el whisky solo, el relato con hielo y la novela con hielo y agua. Hay lectores que ven mis relatos como prosa poética. Es posible, pero siempre procuro que cuenten con algo imprescindible, la sustancia narrativa. También es verdad que estuve cinco años escribiendo poesía, en la adolescencia, poemas de corte más bien surrealista. Hasta que quedé deslumbrado con la “Antología de la Literatura Fantástica” de Borges, Bioy y Ocampo. Y, es cierto, a menor extensión, mayor intensidad y viceversa. Yo procuro buscar la máxima expresividad posible con el menor número de palabras. Pero siempre me pongo en manos de las necesidades de cada relato, independientemente de la extensión, de la voz o del estilo.
14.- No te propones escribir microrrelatos.
No, como te digo, para mí lo principal es sacrificarlo todo a las exigencias de cada relato. Lo hago por intuición, casi sin premeditación alguna. El último relato que he escrito, por ejemplo, ha acabado teniendo treinta páginas y me ha llevado ocho meses, algo que no pude prever en su momento. Eso sí, tras la agotadora experiencia, espero no volver a escribir nunca historias de ese tamaño descomunal.
15.- O sea, que ni hablar de novela, ¿no?
No, no hay que pedirle perlas al olmo (risas). Me gustan como lector, pero como escritor prefiero el asalto rápido y limpio al asedio interminable de la novela con sus genealogías, tiempos muertos, detalles intrascendentes y lugares comunes.
16.- Pero, ha sido capaz de condensar en una página todo El Quijote y reescribir un nuevo Quijote. Un Quijote enganchado a los ansiolíticos.
Bueno, esa página no es más que un juego inocente y brevísimo. En una ocasión tardé cinco años en terminar un relato (“Los palafitos”), imagínate lo que tardaría en escribir una novela de trescientas páginas. Además, probablemente me aburriría convivir durante tanto tiempo con los mismos personajes, hechos y escenarios. Con lo que siempre he soñado es con escribir únicamente los títulos, un libro compuesto sólo por títulos. Pienso el título y ya me imagino el relato, lo vivo; luego, la verdad, me da una pereza terrible escribirlo..
17.- En cuanto a los títulos, decía Clara Delicado que en el microrrelato el título es casi más importante que el texto. ¿Está de acuerdo?
Sí, el título es una oportunidad de oro, es añadir algo más, jugar con el lector para que pueda relacionar texto y título y enriquecer así la lectura. Disfruto tremendamente con esa parte del proceso. Hay quien me dice que a veces no tiene nada que ver el título con el texto. Yo sí veo la relación, aunque reconozco que el hilo en ocasiones es muy fino. Pero me gusta completar el texto con el título, releerlo a la luz de esa chispa que salta en su conexión. Desde que empecé a escribir, me hacía mis propios librillos, apenas unas separatas grapadas, buscaba el título apropiado para ese grupo de relatos, la ilustración, las citas, todo para hacerme la ilusión de crear un conjunto armónico, para darle rotundidad. Tengo incluso un relato que sólo es el título, únicamente un artículo y un sustantivo y nada en el texto, pero el lector puede darle sentido completo al relato con esos pocos elementos.
18.- ¿Por qué merece la pena leer este libro de, exactamente, cien relatos?
Creo que en la contraportada está la clave, y es la intención de impedirle al lector una aceptación sumisa de la realidad, para que mire el mundo desde otra perspectiva, para que se asome a otras esferas de la realidad que están más allá de nuestra experiencia cotidiana, a través de historias insólitas e inquietantes contadas con un lenguaje bello y preciso.

sábado 14 de noviembre de 2009

LOS QUE RUGEN: CARE SANTOS


LOS QUE RUGEN: CARE SANTOS.



Título: Los que rugen

Autora: Care Santos

Editorial: Páginas de Espuma

Precio: 15€




La vida siempre se divide en “ellos” y “nosotros”, los que están a nuestro lado y los que no lo están. Así distribuye Care Santos su nuevo libro de relatos: Los que rugen.

“Ellos” son los que no vemos. No existe lo que no conocemos, aquello de lo que no tenemos conciencia. Care Santos no pierde en ningún momento la conciencia de “los otros”, de los que ya no están, o están, pero de otro modo. En el cuento “Círculo Polar Ártico”, la escritora mete de lleno a su protagonista, un fotógrafo de una revista, en una ciudad fantasma, al más puro estilo Comala. Puede intuir presencias, puede pre-sentir, pero no puede describirlas porque no toman corporeidad.

La parte de “Ellos” tiene siete cuentos en los que predomina el narrador en primera persona que nos narra perfectamente, cada movimiento del personaje. Los que están escritos en tercera persona, muestran los pasos en dirección contraria: el fantasma va al encuentro de un ser querido para solucionar algo (“Asuntos pendientes”); o llega para llevarse al visitado (“Comunicación”). En cualquier caso, se mueven con el sosiego y la calma de quien sabe que posee la eternidad.

“Nosotros” está conformado por seis relatos llenos de terror, furia, venganza, pero, también, ternura, amor… Es decir, con todo lo que implica ser humanos y estar vivos. Todas nuestras miserias y las pocas grandezas que nos adornan.

Si el primer cuento de “Ellos” nos trae a la memoria aquella escena en la que una manada de lobos ha tomado Nueva York, tras un cambio climático dramático para la humanidad (El día después), en los cuentos de “Nosotros” encontramos referencias ya literarias directas.

Los personajes de este libro, aún estando muertos son una serie de tipos de perdedores que necesitan resarcirse, que buscan la paz y a ellos mismos. La pérdida de la identidad no nos diferencia, tan sólo la forma de sobrellevarla.

No descubro nada si digo que Care Santos es una de las narradoras más potentes. “Los que rugen” es un libro de cuentos, relatos, narraciones, o como quieran llamarlo, llenos de vida y de muerte, que remueven nuestros sentidos y promueven la expresividad de nuestros encorsetados gestos.

lunes 9 de noviembre de 2009

ENTREVISTA CON AIXA DE LA CRUZ




La autora de De música ligera nos sorprende con una madurez en su escritura y en su pensamiento impropio de sus 21 años.

1.- Debo reconocer que, hasta leer su novela, era usted una completa desconocida para mí, ¿quién es Aixa de la Cruz?

Actualmente es una ermitaña que vive en un pueblito de la costa con su gata Polka.

Hace tres años, recién acabado el instituto, fui admitida para formar parte de la quinta promoción de la Fundación Antonio Gala, una beca que ofrece a creadores de distintas áreas la posibilidad de pasar un año en su sede cordobesa, gastos pagados, llevando a cabo el proyecto seleccionado. Allí escribí mi primera novela, “Cuando fuimos los mejores,” concebida a modo de ejercicio pero que fue publicada al año siguiente por editorial Almuzara. Esta novela, que escribí con 18 años y, obviamente, no es un gran acierto literario, me abrió las puertas en el mundo editorial y es indirectamente responsable de que me animara a enzarzarme en un nuevo proyecto cuyo resultado es “De música ligera.”

2.- ¿Por qué una persona tan joven escribe sobre música de los años 70, década en la que usted ni siquiera había nacido?

Desde niña he sido aficionada a pasar las tardes de los domingos escuchando los viejos vinilos de mi padre. Me descubrió a Bob Dylan, a Patti Smith, a Creedence… y cuando hacíamos viajes larguísimos en coche sonaban casetes de Bruce Springsteen y los Rolling Stones. Es una influencia que no puedo obviar. Por otra parte, me gusta el rock clásico porque supo evolucionar a la par de las revoluciones sociales. De ahí que el fenómeno punk me resulte tan interesante y haya acaparado varios folios de esta novela.

3.- ¿Qué personaje le es más simpático? ¿Cuál le provoca más tristeza? ¿Con cuál empatiza?

Siento cierta adoración por Dylan, que simboliza ese tópico sobre el silencio que es parte indispensable de la música. Creo que incluso me resulta sexualmente atractivo. Mi predilección llegó a ser un inconveniente durante el proceso de escritura, ya que es un personaje muy maltratado y a veces me revelaba contra mi propia trama en arrebatos de empatía. Sin embargo, y aunque sea artífice indirecta de sus desgracias, también me gusta mucho Estelle, que es mi adaptación libre del personaje de Dickens en High Hopes. Hay menos palabras y menos ruido en su historia que en la de Julia y Aurelio. Eso los hace especiales; más cinematográficos, quizás.

4.- Una estructura tan compleja, ¿no le dio más de un quebradero de cabeza?

Sin duda. Este es el texto que más he corregido hasta ahora. Desde el comienzo tenía muy clara la estructura de la novela. Quería que narración y acotación escénica acabaran confundiéndose y también quería artículos de prensa y muchos personajes que pudieran aparecer y desaparecer a mi antojo. Sin embargo, una primera versión del texto resultó prácticamente ininteligible y la segunda, donde primaba demasiado el carácter divulgador, aburrida. Opté por cortar, simplificar, y tener fe en un lector competente. Al principio, el asedio de diferentes tipos de discurso puede abrumar, pero creo que poco a poco, los elementos se van ordenando.

5.- ¿Qué secreto esconde, realmente, Dylan?

Dylan es un personaje de vocación revolucionaria. Pone en duda algo tan incuestionable como el lenguaje humano. Se ha escrito mucha literatura sobre el aislamiento físico y el silencio voluntario, pero ¿qué ocurre cuando las palabras no son un don neurológico? La raza humana se siente especialmente orgullosa de ese peldaño evolutivo en el que descendió nuestra glotis y ocurrieron los cambios necesarios para que surgiera el lenguaje. Es la característica que nos hizo animales sociales y que nos identifica y singulariza como ninguna otra. Por eso, quizá, tenemos una actitud muy soberbia hacia los sistemas de comunicación alternativos. Cuando Dylan decide no hablar, cuando prefiere adaptarse al sistema de signos o inventar un nuevo método de base musical, está despreciando los pilares de toda una civilización. Va más allá de la enfermedad; propone que el mutismo puede ser una elección de principios.

6.- A sus 21 añitos, ¿ha sentido ya, lo que Almudena Grande, llama “la soledad del novelista”?

Es imposible no conocerla y al principio resulta difícil. El sistema escolar vigente nos acostumbra desde los tres años a desenvolvernos en grupos de trabajo. Nos hace dependientes y fomenta bastante poco el individualismo. Yo en seguida descubrí que necesito vivir aislada para escribir algo decente y esa necesidad se está integrando en mi carácter. Ya no tengo que ejercer mi fuerza de voluntad para pasar días enteros en comunicación exclusiva con la pantalla del ordenador. Lo que ahora me abruma son las calles repletas de peatones, o el Corte Inglés en rebajas.

7.- ¿Para escribir prefiere usted el día o la noche?

Soy estrictamente diurna. Es un asunto de biorritmos, creo.

8.- También ha escrito, al menos, una obra de teatro, ¿verdad? ¿En qué terreno se siente más segura y más a gusto?

Me interesa mucho la dramaturgia contemporánea pero tengo la impresión de que está evolucionando hacia propuestas que cada vez prescinden más de un texto rígido, pautado. La labor del dramaturgo está siendo sustituida por aquella del investigador escénico, como ocurre con el bioteatro o con los espectáculos en los que prima la improvisación. Yo soy ante todo narradora, y aunque interesantes, estas nuevas propuestas me dejan fuera de juego porque no tengo la preparación dramática necesaria para acometerlas. Por el momento, me quedo con la narrativa.

9.- ¿Qué sintió cuando una editorial como 451 le dijo que quería su novela, sabiendo los problemas que tienen los escritores jóvenes para conseguir editorial?

Cuando me comunicaron la noticia sentí mucha alegría, pero aún mejor ha sido atravesar el proceso de edición con el equipo editorial. Venía de una experiencia bastante desagradable con un editorial de bajo perfil literario que no demuestra demasiado respeto por los textos de sus autores. Por ello, la dedicación que 451 le regaló a esta novela fue todo un regalo. Como bien dices, no es nada sencillo para escritores jóvenes conseguir una editorial y está el riesgo de que, una vez encontrado el sello, este te trate con menosprecio por esa idea muy vigente de que “se nos hace un favor al publicarnos.” En este sentido, encontrar a 451 Editores ha sido doblemente satisfactorio.

10.- ¿Qué podemos esperar ahora de Aixa de la Cruz?

Estoy a punto de finalizar una tercera novela en honor a Edgar Allan Poe. Aparece un psicópata que asesina editores siguiendo las pautas de los relatos de terror del autor estadounidense; y un editor que ha descubierto la homosexualidad de Emily Dickinson. Por primera vez en este texto he experimentado con la divulgación científica, un aspecto que me interesa cada día más y con el que estoy a punto de adquirir un serio compromiso. Creo que a los autores de mi generación nos toca diluir barreras entre arte y ciencia, y también intuyo que la ficción puede ser un arma muy efectiva a la hora de diseminar entre la población los grandes avances en física y neurología que ya comienzan a dar respuesta a muchas grandes incógnitas y que son, principalmente, el mejor antibiótico contra la religión.

Entrevista por Carmen Moreno

viernes 6 de noviembre de 2009

DE MÚSICA LIGERA


DE MÚSICA LIGERA


“Mientras la música siga teniendo el don de inmortalizar instantes marcará la cronología de una historia, seguirá avanzando con nosotros.”
Esta frase puede resumir la interesantísima novela de Aixa de la Cruz, una joven bilbaína que nos deslumbra a sus 21 años con su segunda novela.
La editorial 451 está apostando por ediciones de calidad, con autores consagrados o no, pero que no dejan indiferente a nadie. Y esto es lo que ocurre con esta novela.
De música ligera narra la historia de dos personas, de tres, de cuatro, de todas las que conforman el mundo de esas dos personas a las que nos hemos y que son el eje central.
Con una estructura sumamente compleja para alguien tan joven como Aixa, la novela se desenvuelve entre:
1.- la historia personal de Dylan
2.- la historia personal de Julia
3.- la historia de Dylan con su padre
4.- la historia de Julia con Aurelio, su novio
5.- la historia de Aurelio con otras mujeres
6.- la historia de Dylan con Stelle
7.- artículos que aparecen en diferentes medios
8.-la voz del narrador, que se convierte en personaje para explicarnos cómo ha construido a sus personajes, qué dificultades ha encontrado para hacerlo, cuáles son sus filias y sus fobias.
La narración se mezcla con pequeños fragmentos de diálogos aparentemente inconexos, pero que nos reconstruyen perfectamente el terror, la soledad y la complicidad entre ambos personajes. Una historia cosida con pequeños pespuntes que consiguen una cohesión perfecta sin que haya grieta alguna, a pesar de la complejidad ya mencionada de la trama.
Dylan y Julia se encuentran en un irlandés. Son profesor y ex alumna de piano. Los dos tienen problemas de comunicación con el mundo y con ellos mismos. Son dos seres con miedo a todo y a todos los que les rodean, que viven una mentira, pero que tampoco se atreven a romper.
El encuentro los une en un viaje a través de sus vidas. Pero, no será un viaje cualquiera, sino el viaje que despertará sus conciencias definitivamente. Una obra con banda sonora incorporada. Desde los Sex Pistols hasta Bach, pasando por Bob Dylan, Patty Smith, Los Ramones, y un larguísimo etcétera que llevan al lector a través de la Historia de la música de los últimos treinta años.
Una historia enigmática, con un final enigmático, como no podía ser de otro modo.
Con un dominio sobre el lenguaje impresionante y sobrecogedor, Aixa nos envuelve en los vericuetos de la anodina realidad, que cambia lo cotidiano por lo extraordinario, aunque, en este caso, lo extraordinario sea sólo un encuentro de cuatro horas en un irlandés cercano a Atocha.
Esta es una novela, a la vez que un ensayo sobre la música, sobre la falta de diálogo, sobre cómo, a veces, sobran las palabras, o, simplemente, no sabemos usarlas. No pierdan de vista a Aixa de la Cruz. La autora joven más interesante que he podido leer hasta ahora.

martes 3 de noviembre de 2009

UN ARTÍCULO MUY INTERESANTE

¿Para qué sirve la literatura en la era digital? (Pinchar para verlo completo)

A estas horas, cuando escribo hoy, Roger Chartier estará hablando en el foro organizado por los editores catalanes, el Foro Atlántida. El título al que obedecen todas las entrevistas es el de "La contribución de la edición en la configuración de la cultura occidental", una reivindicación muy apropiada en tiempos de desintermediación digital y de redefinición de la condición y esencia del editor. Un poco más tarde intervendrá Antoine Compagnon, el autor de ¿Para qué sirve la literatura?, esa pregunta se hace más acuciante ahora que las tecnologías digitales inventan nuevos lenguajes de expresión. Editores y literatura cuestionados; editores y literatura quizás rescatados.

(Artículo de Joaquín Rodríguez, publicado en su blog http://www.futurosdellibro.com/)

sábado 31 de octubre de 2009

NEVSKY PROSPECTS



NEVSKY PROSPECTS, UNA NUEVA EDITORIAL

Traducción: James y Marian Womack
Prólogo: Philip Bullock, Universidad de Oxford
14€



Nevsky prospects es una editorial que nace de la mano del matrimonio Womack con la idea de revitalizar la espléndida literatura rusa.
Su primer libro, Historias de Belkin, es un libro de relatos del que es considerado el creador de la moderna literatura rusa. Este libro, escrito por Pushkin (1799-1837), es una maravillosa forma de comenzar a leer a los que son considerados por muchos como los exponentes de la mejor literatura del siglo XIX.
En Historias de Belkin podemos encontrar historias que enlazan con el realismo español, que hacen de lo cotidiano una suerte de aventura romántica (entendido romántico en el sentido literario).
Por supuesto, como los románticos, Pushkin, quiso acercar la realidad del "pueblo" a las clases más altas de la sociedad de San Petersburgo. Para ello se fijó en seres ninguneados, pero con unas historias que, a modo de lo que ahora identificamos con las telenovelas, sugieren unas vidas más complejas.
La tragedia que enmascara la vida, la injusticia de una realidad que sólo puede ser sobrellevada, se tejen en estos cuentos que Pushkin resuelve de una forma sobrecogedora.